marzo 07, 2006

Edimburgo, capital de Escocia

He tenido un poco descuidado la situación de la comunicación vía internet, pero he tenido algo de trabajo, unas cuantas desveladas y poco tiempo para hacerlo. Sin embargo, aquí va en breve la reseña del viaje a Edimburgo que realizamos el 4 y 5 de marzo.

El día anterior nos habíamos puesto la guarapeta de Toma de Decisiones que esta relatada en la nota previa. Me tuve que levantar a las 6:30 am debido a que el camión salia a las 8 am de la sociedad internacional y tenía que preparar lunch y cosas para el viaje (otrora mi maleta). Después de solo 5 hrs. de sueño parecía yo zombie con ánimo panteonero. En otras palabras, no daba una y me costaba trabajo hasta servirme el jugo. La cosa es que logré salir con 3 minutos de adelanto a lo que originalmente tenía planeado (de mi jacal a la Sociedad Internacional son 20 minutos de caminata, así que salí 7:27). Me encontré con mi tocayo en el estacionamiento y partimos sin pena ni gloria.

Después de treparnos al autobús, me acomodé y me quede más que jetón. Sin embargo, no me duro mucho el gusto ya que esos asientos son de lo más incómodos que se puedan imaginar. De hecho muy poco ergonómicos, pues son bastante pequeños y te tuercen la espalda hacia adentro en vez de hacer soporte. Total que apenas si pude dormitar una hora u hora y media a lo más, de las 5 que hicimos hasta allá. Claro, hubo una parada de 45 minutos en la que estiramos las patrullas, hicimos parada hidráulica y chachareamos en la tienda (no compramos nada por que son más caras que los Super 7 de allá).

Alrededor de las 12:30 pm estábamos llegando a Edimburgo para instalarnos en el hostel. Dejamos nuestras chivas y nos lanzamos a las primeras actividades de la tarde. Decidimos dirigirnos al TIC (tourist information centre) para ver que más podíamos hacer después de las 5 pm y a preguntar sobre los relatos de fantasmas por el underground. La persona que nos atendió nos trato muy amablemente ya que hasta con boletos para el tour de fantasmas salimos. Curioso que me habían dicho que el acento escocés era de lo más complicado para entender, pero no tuvimos ningún problema. Incluso podría decir que es más fácil que el acento mancuniano.

La primera parada fue el castillo que esta en lo alto de una colina, prácticamente en el centro de la ciudad. Prácticamente nos llevamos dos horas recorriéndolo ya que es bastante grande. Sin duda es uno de los puntos que uno no debe de perderse. Aquí hay una foto a lo lejos de tan famoso punto histórico de esta ciudad.


Después de eso nos lanzamos a comer algo debido a que ya era tarde y traimos apenas unos sándwiches del camino. Encontramos un pub y nos empacamos una hamburguesa con su respectiva chela. Después de eso fuimos a recorrer la Royal Mile, que es la calle que comunica el castillo hasta la original orilla de la ciudad. Mucho comercio, aunque todo cerrado por la hora que salimos de cenar. Acabamos caminando por la ciudad en lo que esperábamos que dieran las 9 pm para asistir al tour de fantasmas. Para cuando llegamos estábamos ya muy cansados, pero la guía resultó una excelente narradora y nos pasamos un rato muy ameno. La otra entretención fue que a mi tocayo se le lanzaron con todo y todo en medio del frío y la oscuridad. La chava parecía un poco loquita, así que muy sabiamente decidió darle carpetazo al asunto, cual caso que investiga la PGR. Aquí su servilleta por los barrios bajos de Edimburgo.


A la media noche, cuando acabó el tour en un cementerio nos dirigimos al hostel ya casi con cero de energía. Para colmo, no paso el autobús que supuestamente íbamos a tomar para llegar y tuvimos que aventarnos caminando una milla más o menos cuesta arriba. Cuando llegamos, me di una ducha caliente y me metí a la cama para tener un reparador sueño de 7 horas.

Al día siguiente nos despertamos al desayuno que estuvo muy magro. A los prisioneros locales seguramente les dan más de comer. Apenas una rebanada de jamón, una de queso, pan, jitomate y cereal. Caray, de haber sabido me traigo mis sausages y unos crumpets para el microondas. Total que con algo de fruta que nos había quedado el día anterior nos llenamos un poco más. Recogimos nuestras chivas del cuarto y nos trepamos al camión. El tour de la ciudad estuvo particularmente bueno. El guía que nos toco usaba el típico atuendo escoses con falda y conocía cientos de detalles de la ciudad. Originalmente nos lo íbamos a saltar pero no nos arrepentimos de haberlo tomado.

Después de eso nos dejaron en el centro de la ciudad y decidimos encaminarnos al punto más alto de la ciudad: Arthur’s Seat. Una colina bastante empinada desde la cual se puede ver toda la ciudad. Después de una accidentada subida logramos llegar a la punta desde la cual se tienen vistas maravillosas. Aquí una muestra:


Después de eso bajamos y ya teníamos hambre, así que en el primer pub que encontramos nos introducimos para lunchear. Desde el día anterior andabamos buscando haggis (platillo tradicional escocés) que consiste en estómago de oveja con sus vísceras maceradas al vapor. Suena algo espantoso, pero no me van a creer que es de las cosas más sabrosas que he comido aquí. Es algo parecido a la pancita mexicana, pero sin tanto condimento. Así que salimos más que satisfechos por tan delicioso hallazgo.

Acto seguido recorrimos el Royal Mile, ahora sí, con las tiendas abiertas y nos fuimos comprando cosas conforme nos encaminábamos al museo del Whisky. Ahí acabo realmente la visita, por que casi nos dieron las 4 pm para cuando llegamos ahí. Así que decidimos terminar las actividades y dirigirnos hacia el punto de reunión que estaba a unos 20 minutos caminando.

Así pues, terminamos la visita express a Edimburgo, la que pudo haber sido mi ciudad de residencia en el Reino Unido. Sin duda una de las más bellas, tranquilas y encantadoras que he visitado durante mi estancia en este país. Falto tiempo para acabar de recorrerla pero tengo la esperanza de regresar en septiembre de este año, cuando mi querida venga a un congreso internacional a la maravillosa capital de Escocia.